¿No has sentido alguna vez las ganas inmensas de hacer algo? Pues esa es mi sensación. Esa sensación de impotencia. La gente no te entiende cuando lo cuentas, lo ven muy fácil desde fuera. Sientes más impotencia aún. Te duermes y te levantas con la misma idea en la cabeza. No la puedes olvidar.
Sabes que no lo vas a poder hacer, y tus fuerzas cada vez se van agotando más. No puedes salir, y sientes cada vez más ganas de hacerlo, pero a la vez surgen más situaciones que te dicen que no lo intentes. Maldices a todo y a todos, no quieres mirar para ningún lado porque algo siempre te lo recuerda. Deseas evadirte de todo, desaparecer del mundo, pero por desgracia no se puede hacer.
Te haces miles de preguntas, miles de porqués, y no sabes contestar a ninguno. Te maldices incluso a ti mismo, por querer cosas que nunca vayan a llegar, y sufrir por ellas. Llegas a una conclusión, y es que solo te quedan dos opciones, arriesgar o conservar, y elegir es lo más difícil.

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